Me gustan las personas

Me gustan las personas. Todas y cada una de ellas. Las que están. Las que estuvieron. Las que estarán. Las que conocí y no se quedaron. O las que sí. Somos lo que no superamos. Pero olvídalo. Brindemos por las que sí. Por las personas que llegaron sin avisar. Que importa. Es bonito no saber que necesitas a alguien para luego descubrirlo. Esas sorpresas de la vida. Con lo complicado que resulta sorprenderte según vas haciéndote mayor. Ese es el secreto. No dejar que nada deje de ilusionarnos. Incluso la más mínima cosa.

Me gustan las personas. Las que se fueron. Las que llegaron en el momento injusto. Quizás no debían quedarse. O no supiste hacer que lo hicieran. Que eso nadie lo decide. La de cosas que dejan de tener sentido justamente cuando se lo encuentras. Saca lo positivo. Lo que aprendiste. Por mucho que te hicieran daño. Porque las ganas de vivir no deben marcharse nunca. Aunque te las quitaran un día. Sonríe. Has tenido la suerte de sufrir. No todo el mundo puede presumir de eso. Que no es bueno sufrir. Pero es bueno haber sufrido.

Me gustan las personas. Con las que comparto los días. Y eso no es fácil. Siempre me consideré egoísta. Pero con fundamento. Sabiendo quién te hace crecer y quién te hace ser más pequeño. Prefiero a las que me dejan sin palabras. Las que me escuchan y me oyen a la vez. Las que me observan. Porque mirar lo hace cualquiera. Las que se esconden detrás de mí. No por miedo. Sino por que necesitan que vayas delante. Que las defiendas ante cualquier cosa que pueda pasar.

Me gustan las personas. Las que vendrán. Las que serán todo. Menos previsibles. Encantado de no conocerte. De no conoceros. No tardéis. Siempre habrá tiempo para las personas que te harán sonreír con los ojos cerrados. Para las que te ofrecen lo que son. Para los que no buscan jamás la aprobación ajena. La que mirando para arriba se imaginan en el mismo cielo. 

A la vida le sobra el día el día. Quizás le falten más. Personas.

 

Alberto Rivas.

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Hecho con tus sueños

Hecho con tus sueños. Los míos. Los vuestros. Los que siguen enseñándome día a día, cuando creía saberlo todo. Esos. Simplemente esos. Que me enseñaron que estaba aquí para ser feliz. Que lo conseguiré. Pero no sin vosotros. Esos. Que me ayudaron a no entretenerme en las tonterías. Que las hay. Esos. Que me inculcaron que lo importante de encontrar, curiosamente, es no cansarse con ello de seguir buscando.

 

Hecho con tus sueños. Con los de todos vosotros. Con la admiración que sentimos. Que esperáis, si tengo a los mejores a mi lado. Que esperáis, si cuando tropiezo o pierdo el equilibrio me levantan sin pensarlo.

 

Hecho con tus sueños. Esos que duermen en Galicia. Los que se alzaban conmigo mientras el mundo se caía. Los que me recordaban lo importante que era el yo y no el tú. Los que conseguían transmitirme, que fuera cual fuera mi realidad, podía mejorarla. Los que conseguían que yo supiera llegar mas allá de lo que esperaba de mi mismo. Gracias sería poco. Prefiero admirarlo por lo que guarda más que por lo que muestra.

 

Hecho con tus sueños. Esos que están muy altos. Casi tanto como su corazón. Quién sino me enseñó a preferir estar perdido en ninguna parte que aburrido entre lugares comunes. Quién sino compró las sonrisas en alguna parte y me las trajo. Sin pedirme nada a cambio. Sin precio. Que estar al lado de una persona que defiende sus pasiones hasta las últimas consecuencias no puede ser malo. Porque te prometí que no volvería a fallarme jamás. Lo sabes.

 

Hecho con tus sueños. Los de toda la vida. Los que se entienden a la perfección. Sin despertarse. Sin inmutarse. Porque nadie mas podía mostrarme que el truco estaba en no pensar en cosas que no dependieran de mí. Porque prefiere lo que somos, a lo que tenemos. Siendo nosotros mismos. Sin cambiar por nadie. Porque siempre estará por delante su esperanza de vivir, sentir y pensar de formas ajenas al convencionalismo. La única persona capaz de pensar que nada es complicado. Tenía derecho a soltarme. No lo hizo. No lo hará.

 

Hecho con tus sueños. Los nuevos. Los renovados. Los que siempre quisiste cumplir pero que no llegaron tarde sino justo a tiempo. Que siempre hay y habrá hueco para alguien que faltaba. Que se necesitaba. Sin saberlo. Que quieres, si consiguió que nunca bajara de las nubes. Porque su frase perfecta, es una mirada. Para que más. Para que menos. Si se que él estará allí aunque nunca se lo pida. Si sé que jamás se perdería nada de lo que pudiera pasarme. O a el. O a los dos. Juntos. Porque lo que nos queda por decir, lo dice todo.

 

Ojalá jamás nos acostumbremos a todo lo que da sentido a nuestras vidas. Por mis sueños. Por los vuestros. Por los nuestros, amigos.

 

Alberto Rivas.