POR QUÉ NO TE VAS

Por qué no te vas. Por qué sigues aquí. Quedándote, sin ni siquiera estar. Que manía tienes de no desaparecer del todo. De recordármelo sin hacerlo. Que manía la tuya de ser todas mis maneras. Que manera la tuya de ser todas mis manías.

Por qué sigues sin darte cuenta de que detrás de cada palabra que escribo, no estoy yo, estas tú. O los dos. O ya ninguno. Que podemos dejar de estar, pero jamás podremos dejar de ser. Y eso es lo que fuiste cuando éramos. Que el hombre que fui se marchó con una mujer que fue. Y así todo. Sin comprenderlo.

 

Por qué no te vas. Por qué sigues presente en las cosas que ya ni siquiera me atrevo a tocar. Por qué no llegas, pero consigues desordenar mi vida y ni siquiera te marchas. Por qué no supe decirte que te quedaras. Si yo fui tu marcha. Tu abandono. Ojalá despedirse fuera tan sencillo como llegar. 

Por qué sé que no puedo reclamarte nada cuando me lo has dado todo. Por qué sé que me querías por todo lo que era a pesar de todo lo que no. Que eras una niña pequeña con más virtudes que defectos. Por qué pensabas que era al revés. Por qué no fui capaz de repetírtelo todos los días que nos quedaban. Y que ahora te debo.

 

Por qué no te vas. De una vez. Sin dejar rastro. Inténtalo. Llévate esos ojos y esa sonrisa a otra parte. Mejor te hablo de amor cuando haya entendido que darlo todo, es poco. Que yo no supe llegar, ni siquiera había empezado.

Por qué te nombro y el eco siempre me responde. Por qué lo que se lleva dentro, lo encuentro en todas partes. Por qué, a veces, quiero volver donde nunca estuve y siempre fui feliz. Por qué mantenías que solo te miraba cuando cerrabas los ojos. Que siempre fueron increíbles. Incluso cuando no lo sabias.

 

Por qué no te vas. Enserio. O de broma. O como tú quieras. Por qué decidiste ser tu misma. Si era lo que mejor se te daba. Si ahora es lo que peor se me da a mi. Y ahora me sé los por qués. Pero me olvidé de los cómos.

Porque llegaste. Esperando todo a cambio. De nada. O de poco. Y en realidad yo era mucho. Porque seguías ahí, queriéndome por lo que era y no por lo que querían que fuera. Porque te marchaste con un adiós sin despedida y queriendo con las manos llenas. Que yo me encargué de vaciar.

 

Por qué no te vas. Por qué no te iras.

 

Alberto Rivas.

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